La organización de unas Olimpiadas se está convirtiendo cada vez más en un reto para las ciudades organizadoras, llegando a suponer casi la quiebra para muchas de ellas. Montreal o Atenas son algunos ejemplos de cómo unos Juegos Olímpicos pueden ser muy deficitarios, no cumpliéndose las expectativas planteadas.

Una de las razones por las que las Olimpiadas pueden llegar a convertirse en un lastre, es el mal aprovechamiento de las infraestructuras en las que tanto esfuerzo y dinero se ha invertido para un evento que apenas dura dos semanas. Desde bm2sport, pensamos que la inversión no ha de realizarse de cara a la competición, sino que debe ser aprovechada para mejorar las infraestructuras de toda la ciudad y no caer en desuso.

En ocasiones ocurre que se tiene puesta la mirada exclusivamente en los Juegos, si bien es cierto que éste es el tiempo en que la ciudad sirve de escaparate al mundo. No obstante, abundan muchísimos ejemplos de estadios e infraestructuras que se han concebido para un determinado torneo y qué sólo se han utilizado para esa competición, quedando abandonados a su suerte. Bien porque en ese país ese deporte no es popular o bien por una sobredimensión de la instalación; hay que ser conscientes del uso que va a tener a largo plazo. Casos como la pista de trineo de los Juegos Olímpicos de invierno de Sarajevo 84 o el estadio de béisbol de Atenas 2004, nos hacen reflexionar sobre el uso, la capacidad y la temporalidad de las infraestructuras que se construyen.

Después de los Juegos Olímpicos(www.rinconabstracto.com)                                (www.thisisinsider.com)

Las Olimpiadas del despilfarro pudieron haber llegado a su fin con Pekín 2008, conocidos como los juegos más caros de la historia. China se daba a conocer al mundo como una gran potencia, pero el paso del tiempo nos muestra unas instalaciones que se van degradando poco a poco. El estadio nacional “El Nido”, o el de vóley-playa son ejemplos de los graves problemas de mantenimiento y de desuso que tienen. Son algunos ejemplos de cómo las ciudades crean infraestructuras rígidas a las que no se les dará ningún uso pasado el acontecimiento.

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Londres 2012 y Río 2016, por su parte, se han mostrado más comedidos, apostando por infraestructuras desmontables, transformables y reutilizables. A pesar de las numerosas críticas que ha recibido Río por la organización de los Juegos, la intervención en la que se ha apostado pretende que la villa olímpica no sea sino una fase intermedia para conseguir aprovechar las instalaciones construidas e integrarlas en la ciudad. Aprendiendo de la experiencia, parece que ésta puede ser la dirección correcta. Concebir espacios que sirvan de puente para lograr una expansión que se integre con la ciudad.

Después de los Juegos Olímpicos(www.singularq.com)

Por ejemplo, y siguiendo en Rio, el “Future Arena”, que sirvió de sede para las competiciones de balonmano, se convertirá en cuatro escuelas. Desde el principio, este pabellón se concibió de forma modular, de forma que fuese fácilmente desmontable y transformable, tanto constructivamente como a nivel de instalaciones. El “Aquatic Stadium”, por su parte, también de carácter efímero, se transformará en dos piscinas públicas. Son algunos ejemplos de transformación y reciclaje que nos hacen pensar en un cambio en la manera de concebir y proyectar unos Juegos Olímpicos.

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Ya veníamos hablando de esta tendencia en Arquitectura para reciclar (Londres 2012), pero parece que con Río 2016 se han confirmado las bases de un nuevo concepto para la organización de unos Juegos. El “Basketball Arena”, en Londres 2012, concebido para ser desmontable y convertirse así en un estadio itinerante, apuntaba a estar presente en Río, aunque finalmente no fue así.

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De esta manera, la idea de crear un conjunto de infraestructuras propias para unos Juegos Olímpicos se va abriendo camino, lo que podría permitir a países subdesarrollados convertirse en organizadores sin dañar su economía, potenciando así la situación económica del país. Nairobi, Dakar o Addis Abbeba podrían convertirse en sedes olímpicas utilizando estadios heredados de otros Juegos Olímpicos o de Mundiales anteriores, ya que disminuiría muchísimo el coste de la organización de la competición. Quizá de esta manera los Juegos comiencen a dejar de ser deficitarios y dar beneficios a las ciudades a corto plazo. No se trata de sobredimensionar infraestructuras para un solo evento, sino de crear espacios e instalaciones acordes al uso que se le va a dar.

De momento, el relevo lo tomará Tokyo 2020 del que se espera que sean los Juegos más futuristas de la historia. Robots, diseño y lo último en tecnología se presuponen presentes, pero ¿se seguirá la tendencia de economizar las infraestructuras que albergarán las distintas competiciones? ¿Volveremos a caer en el error de sobredimensionar estadios que después quedarán abandonados? Habrá que esperar un tiempo a ver qué nos tiene preparado el país nipón.

Después de los Juegos Olímpicos(www.nytimes.com)

Escrito por nuestro arquitecto colaborador Mariano Lambert Serrano